julio 26, 2006

México postelectoral, ¿qué sigue?


Ricardo Martínez Martínez

Cada día que pasa los mexicanos van creyendo que detrás de la elección presidencial del 2 de julio, el gobierno federal operó un fraude y que el Instituto Federal Electoral (que cuesta millones de pesos mantenerlo) no es confiable.En esta semana el presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, emprendió una campaña de confrontación directa con la coalición por el Bien de Todos al exponer en los medios de comunicación que sus cifras sobre las elecciones, pese a las denuncias presentadas, son confiables.

Ya suman errores aritméticos en 40 mil actas, comprobadas por expertos, que conforman la síntesis que hará llegar la coalición de López Obrador al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) para que dé su beredicto en pocos días sobre el resultado final.Por la vía legal, el equipo de dirigente de la coalición centro izquierdista, confía en que se impondrá la verdad, pero a la par, continúa con su estrategia de defensa del voto en las calles, acción legítima ante el torcimiento de la legalidad en la que han caído el IFE y las instituciones del gobierno pues ambas signaron el proceso irregular de las elecciones y son las responsables de la crisis política por la que atreviesa el país.

El próximo fin de semana se desarrollará otra movilización pacífica en el corazón político, la ciudad de México, que pretende ampliar la participación ciudadana. Habrá muchas sorpresas para el candidato del PAN y sus protectores agazapados de la ultraderecha mediática empresarial, pues el descontento va creciendo y la ciudadanía en pocos días está madurando y observa a la movilización en las calles como una verdadera opción de hacer respetar su voluntad.

La movilización política, de las urnas a las calles México inaugura otro ciclo de movilizaciones civiles pacíficas que fueron incubándose en diferentes frentes sociales y sindicales, agrupaciones nacionales, movimientos políticos locales, movimientos por la construcción del poder popular y antisistémicos, y en la nueva efervecencia ciudadana por la defensa del voto.

Tres son los causes por los que viene construyéndose un movimiento poderoso, amplio y de alcance nacional, recogiendo las las experiencias pasadas y recientes, que combina la movilización en las calles,la lucha reivindicativa por mejores condiciones de vida para la población, la emergencia social ciudadana expresada en votos y su defensa, y la combinación — por algunos— de todas ellas, a saber, 1) el nuevo movimiento ciudadano postelectoral, 2) las agrupaciones sociales y sindicales que integraron del Diálogo Nacional y 3) la Otra Campaña zapatista.

Estos polos políticos, diferentes en métodos de lucha y en algunas posiciones, cada vez son empujadas por las condiciones históricas actuales, para coincidir coyunturalmente en un punto: luchar contra el fraude de Estado.

Siguiendo a cada uno de ellos en sus planteamientos y plataforma de lucha (en construcción) reivindican la defensa de las libertades democráticas por lo que, hayan o no hayan participado como método en las elecciones, hoy se han puesto en la misma línea contra la derecha en un contexto excepcional para buscar darle un golpe que la debilite y la saque del poder, mientras se abré un espacio de maduración y posicionamiento legítimo para darle viabilidad a un verdadero proyecto alternativo de nación que se ha ido madurando en este periodo de resistencia y actividad social.

Varios han sido los planteamientos esbozados al calor de las luchas sindicales, campesinas y ciudadanas, pero en la actualidad resulta indispensable juntar todos los esfuerzos para desplegar una estrategia que nos dé pautas para la construcción de una base de la cual se levante una nación democrática, libre y con autodeterminación.

No es fácil hacer coincidir los métodos actuales por los que han optado cada uno de ellos, ni en sus tiempos, ni en sus espacios, sin embargo, todos tienen como referencia el periodo actual postelectoral ya que la derecha y los factores reales de poder detrás de ella buscarán a toda costa apagar los vientos populares por la vía que sea, legal o ilegal, represión o aislamiento, intoxicación mediática o ignorando.

El enemigo, el más temible y el más poderoso, no está entre los tres actuales polos de lucha social, por lo que todas las fuerzas deben ser concentradas en revelar y denunciar el fraude, movilizarse en varios niveles y de muchas maneras para evitar su consumación, y salir con una organización del descontento social que ponga pies firmes para nuevos escenarios de lucha.