julio 14, 2006

Conteo público: voto por voto

Julio Boltvinik

Errores y trampas

Extraña distribución de los votos por AMLO

Hay ya un clamor nacional: que se cuente voto por voto para que se limpie la elección y todos tengamos certeza de quién ganó. Se trata no sólo de la exigencia de que se cuenten los votos uno por uno, sino de una exigencia de transparencia que resulta de la infinidad de dudas sobre los resultados del PREP y del conteo distrital. Los medios oficialistas han emprendido una campaña contra todos aquellos (los renegados, diría Fox) que dudamos de estos resultados. Se nos acusa "de desconfiar de los centenares de miles de personas que fungieron como funcionarios de casillas". El argumento es obviamente tramposo y falaz porque los votos contados en las casillas y los capturados en una computadora, transmitidos para fines de cálculo y finalmente dados a conocer a la opinión pública, no son necesariamente los mismos.

El ciudadano vota sobre papel, en boletas que marca con un crayón.1 Terminado el cómputo, los funcionarios de casilla cuentan los votos y con los resultados llenan, otra vez en papel, dos documentos: el acta de escrutinio y cómputo, y la "sábana" que debe ser colocada en un lugar visible de la casilla. Del acta reciben copia los representantes de los partidos (cuando existen). El acta original se incluye dentro del paquete que lleva el presidente de casilla a la oficina distrital del IFE. El paquete lleva en el exterior la copia para el PREP. Hasta aquí los procedimientos son sólo en papel y se pueden calificar de semipúblicos, ya que los realizan alrededor de una decena de personas entre testigos y participantes.

¿Qué puede ir mal en todo este procedimiento? En primer lugar, que los funcionarios permitan actos contra la ley. Recuerdo que en la primera mitad de los años ochenta me tocó ser presidente de casilla e impedí que una mujer votara, cancelando sus boletas, porque un hombre la acompañó a la mampara y le indicaba dónde debía cruzar la boleta (coacción del voto se llama esto). Naturalmente consulté a los demás funcionarios de casilla y a los representantes de partido antes de hacerlo. En dicha casilla barrió el PRI. Los votos fueron bien contados y se acató la ley. Sin embargo, eran los años del fraude electoral abierto y cínico: casillas zapato, tacos, urnas embarazadas, votantes que votaban varias veces. Mucho ha cambiado desde entonces, pero los ciudadanos que hicieron, o permitieron que eso ocurriera, son los mismos de ahora.

Empecemos por los errores : puede haberlos en todas las etapas y suelen ser más altos cuando la población tiene bajos niveles educativos. La manifestación más clara son las inconsistencias aritméticas. Yo creo que la inmensa mayoría de los ciudadanos que estuvieron en las casillas actuaron con rectitud. Pero algunos seguramente no lo hicieron. Seguramente algunos anularon votos que no eran nulos (con o sin las protestas de representantes de partidos o de otros); seguramente algunos dejaron votar a personas que no podían hacerlo; seguramente algunos anotaron voluntariamente en el acta de escrutinio y cómputo datos diferentes de los resultados reales del escrutinio. Seguramente algunos tiraron a la basura paquetes electorales (una de las posibles explicaciones de los hallazgos en la basura) en lugar de llevarlos al distrito. Sólo quien no haya participado en mecanismos colectivos ignora hasta qué punto la voluntad de una mayoría (a veces incluso de una minoría) puede pasar por encima de las minorías y de las reglas escritas (que los participantes suelen conocer a medias o ignorar del todo) para lograr sus propósitos. En la Cámara de Diputados aprendí que, por ejemplo, pueden llegar al pleno dictámenes que nunca se votaron en la comisión responsable (violando las reglas escritas), y que con frecuencia no sirve de nada protestar porque el presidente de la Cámara lo somete a votación del pleno, que vuelve a ratificar así la acción ilegal.

En un país en el cual hay muy poco respeto por la ley, donde es admirado y aplaudido el que "se pone listo", el que aprovecha las oportunidades, el que evade impuestos; donde todos entramos al juego de la corrupción (pequeña o grande) dando una mordida, evadiendo una disposición legal, haciendo trampa (en la cola del cine o circulando en sentido contrario); donde en todos los niveles de gobierno reina la corrupción; en un país así, suponer que algunos funcionarios de casilla actuaron contra las reglas, más que un acto de desconfianza reprochable, tiene visos de estimación científica, sobre todo si se hace para librarnos del peligro para México (porque en este caso el responsable del acto se siente héroe, no delincuente).

Los errores muy comunes y las trampas (seguramente atípicas, pero estadísticamente significativas en una elección cerrada) que quedan plasmadas en las actas de las casillas, no pueden ser corregidos más que acudiendo al conteo público voto por voto si, como ocurrió en esta ocasión, el IFE instruye a los presidentes y demás funcionarios de sus consejos distritales que resistan la apertura de paquetes electorales (con el resultado de que sólo una fracción muy pequeña de los paquetes impugnados fueron abiertos).

Antes de la captura manual para transferir los datos al sistema de cómputo del IFE, debemos notar que se han identificado casos de actas de escrutinio adulteradas, como la de Valle de Chalco que no contenía los mismos datos que la copia en manos del representante de la coalición Por el Bien de Todos y que, habiendo sido abierto el paquete, se comprobó que los datos de la copia eran los correctos. Así, entre una etapa del proceso y otra se abre el hueco de la sustitución de documentos (lo que podría explicar los encontrados en la basura). Si se sustituyó todo el paquete electoral (o éste no existe), sólo el conteo público voto por voto revertiría el delito electoral. ¿Cómo puede explicar el IFE que habiendo sido hallada papelería electoral en basureros, el número de actas computadas coincidan con las actas totales instaladas?

En la captura también puede haber errores y trampas. Los y las capturistas son humanos y viven también en la cultura de la trampa, como usted y como yo. Por último, en la recepción central en el IFE puede haber también errores y trampas. Al parecer fue en las oficinas centrales del PREP donde se identificaron y dejaron sin incluir las 11 mil 184 casillas inconsistentes que se dejaron fuera, sin informar de ello, en el PREP. Se han hecho múltiples ejercicios de análisis estadístico para descubrir por qué tanto los reportes cronológicos del avance del PREP como el del conteo distrital pueden ser aproximados casi de manera exacta con ecuaciones. El más notable de estos análisis es el de Luis Mochán, que puede consultarse en el portal electrónico del senderodelpeje o en em.fis.unam.mx/mochan/elecciones/.

Hoy quiero mostrar algunos resultados preliminares del análisis que he empezado a hacer de la base de datos del conteo distrital que puso a disposición del público el IFE en su portal electrónico el miércoles de esta semana. El primero es mostrar (véase Gráfica), la distribución de frecuencias (en cuántas casillas ocurre) de cada número de votos por AMLO y por FC. Así, la parte más alta de la curva de AMLO (la de tono claro formada por triángulos) muestra que éste obtuvo 60 votos en cada una de mil casillas, mientras la parte más alta de FC indica que obtuvo 90 votos en cada una de 800 casillas. Esta gráfica confirma las extrañas formas de estas gráficas que habían mostrado Mochán y Jaime Ruiz. Una de las conclusiones del primero, con datos del PREP (con unas 13 mil casillas menos que el conteo distrital), pero con formas de ambas distribuciones muy parecidas, fue: "Lo que me llama la atención es que el decaimiento hacia la izquierda del máximo no parece ser una curva suave, sino más bien podría describirse por una burda línea recta... A diferencia de la curva típica... la de AMLO tiene un quiebre abrupto en el máximo... Esta curva podría describirse como una curva típica a la que se le cortó una parte".

La búsqueda de Mochán y de otros que han estado analizando los datos es si en ellos se puede descubrir la evidencia de un fraude. Yo no sé si hubo o no, pero creo que sí es posible por los imperfectos mecanismos de control de los partidos políticos (en este caso de la parte más interesada, que es el PRD y la coalición Por el Bien de Todos) y que vuelven indispensable el conteo público voto por voto.

Termino señalando algo del comportamiento de los votos nulos que he empezado a analizar. Al principio me fui con la finta de que lo que habría que hacer era concentrarse en las casillas con cantidades muy altas de votos nulos. A reserva de mostrar un análisis más detallado en próximas entregas, al graficar el porcentaje de votos nulos acumulados contra el número de votos nulos por casilla, me di cuenta de que, si bien en las casillas con muchos votos nulos podría haber muchos votos indebidamente anulados por casilla, su pequeño número muestra que el verdadero problema se puede encontrar en la mayoría de las casillas con pocos votos nulos, donde se encuentra la inmensa mayoría del total de éstos. Por tanto, si se quiere identificar el total de votos indebidamente anulados lo que hay que hacer es contar voto por voto todas las casillas y no sólo las que tienen muy alto número de votos anulados.

1 Por cierto, habiendo votado ya en la elección local (DF), y por votar en la federal, mi mujer me comentó que estaba muy grasoso el crayón y que le daba miedo que al doblar la boleta se pintara otro recuadro, consciente de que podría dar lugar a la anulación de su voto. Días después leímos en algún diario que, al abrir un paquete electoral durante el conteo distrital, se habían encontrado muchos votos contados como nulos y que estaban marcados para AMLO, pero el crayón había manchado otro recuadro (seguramente el de Calderón, que quedaba arriba en las boletas).

jbolt@colmex.mx