julio 07, 2006

¡Abra Cadabra...pata de cabra!

Internacional : 7/7/2006

¿Por qué EE.UU. y la OEA no quieren elecciones limpias en América Latina? En el caso mexicano parece haber actuado un elenco de magos. Una experiencia piloto que atenta contra la democracia.


Parece magia. Faltan la galera, los conejos y los pañuelos, y por supuesto un pase de prestidigitador como el del título de esta nota, para que el escenario esté completo y brille a toda luz. Sin embargo no son discípulos de Houdini quienes han trabajado en México, sino soldados de un "ejército" reclutado por la Organización de Estados Americanos (OEA), políticos sostenidos desde el sistema de poder impulsado por Estados Unidos y una pléyade de auxiliares, todos funcionales al concepto de democracia controlada que rige en América Latina. En marzo pasado, en ocasión de los comicios para legisladores y alcaldes en El Salvador, Dagoberto Gutiérrez -uno de los analistas políticos más lúcidos de ese país- diagnosticó, con escaso margen de error, que la elecciones ya no se ganan en las urnas sino dentro de la complicada trama de negociaciones que encierran los tribunales y otros órganos de control.
Habían transcurrido tres días desde el acto comicial. Los resultados en la ciudad capital, el distrito electoral clave de El Salvador, brillaban por su ausencia. La dirección de Frente Farabundo Martí (FML) contaba con cifras que determinaban su triunfo, pero el presidente Tony Saca, aseguraba la victoria del candidato oficialista.
El FML se puso firme en las negociaciones dentro del tribunal electoral y amenazó con la movilización popular. Pocas horas después aparecieron los resultados, el fraude había sido impedido y la alcaldía metropolitana quedó para quién ganó en las urnas, para el Frente. Su coordinador de prensa durante la campaña, Sigfrido Reyes, dijo entonces "lo importante no fue nuestro caudal de votos sino haber aprendido a desarmar las trampas del régimen".
Sin lugar a dudas, México es un país con mayor volumen económico y político que El Salvador y con una casta política que mucho sabe sobre triquiñuelas y corrupción, pero la fórmula de Dagoberto Gutiérrez también fue aplicable allí.
Hizo falta que el candidato del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Andrés López Obrador, hablase de irregularidades y de movilizaciones populares, e instruyese a su tropa ante las autoridades electorales, para que comenzasen a aparecer los tres millones de votos que él había denunciado como "desaparecidos".
A cuatro días de las elecciones presidenciales, el candidato del PRD se vio obligado a anunciar que impugnará las elecciones ante el tribunal electoral. López Obrador advirtió el jueves en rueda de prensa que "no podemos aceptar, reconocer esos resultados. Hay muchas irregularidades".
A media tarde del jueves, la apretada elección le daba el 35,7 de los votos a Felipe Calderón, postulado por el derechista Partido de Acción Nacional (PAN), y el 35,4 a López Obrador.
"Son muchas las inconsistencias o irregularidades, por decirlo de manera suave; entonces vamos a acudir al Tribunal Federal Electoral", dijo el postulante del PRD.
Añadió que "en 24 horas, con una prisa inusual, resuelven en una elección que numéricamente está sin decisión, es decir, que no hay ventaja de nadie y en 24 horas preparan un operativo para acelerar todo y resolver un cómputo que por necesidad requería tiempo".
El lunes pasado, en una perspicaz editorial, el diario mexicano La Jornada, alertaba en un mismo sentido: "la jornada electoral (del domingo pasado) terminó en un ´impasse´ indeseable y preocupante que (...) confirma algunos de los peores temores previos a los comicios, el escenario de indefinición prolongada de los resultados, una autoridad electoral rebasada por los contendientes y la perspectiva de un veredicto que no va ser fácilmente aceptado por las fuerzas rivales, no sólo por la indefinición en la que terminó (ese) larguísimo día, sino por las distorsiones en que se desarrollaron las campañas previas y la indebida intervención del gobierno federal en el proceso para invalidar una de las candidaturas y favorecer a otra".
Felipe Calderón fue el candidato del actual jefe de Estado, Vicente Fox, mientras que López Obrador emergió como una figura renovadora, de centro izquierda si se acepta esa categoría difusa, que promete un mayor énfasis en políticas sociales, revisar al menos en forma relativa la agenda de relaciones con Washington y adoptar una posición más cercana al proceso de integración regional que se lleva adelante desde el Mercado Común del Sur (MERCOSUR).
El clima de fraude fue reconocido incluso, y con el cinismo del caso, por el embajador de Estados Unidos en México, Tony Garza, quien durante la fiesta nacional del 4 de julio comentó a su mujer y ante varios invitados, "mi amor, ¿no estaremos en Florida?". Se refería al escandaloso fraude que en ese estado permitió la llegada de George W. Bush a la presidencia de su país.
Sucede que México, como el resto de la región y conforme a los condicionantes históricos de cada país, está siendo sometido a un sistema político que los académicos funcionales al poder en Estados Unidos califican y proponen como democracias controladas o vigiladas.
Para abundar sobre el tema puede consultarse el libro "Recolonización o Independencia: América Latina en el siglo XXI" (Editorial Norma, Buenos Aires, 2004), de quien esto escribe y de la periodista y escritora argentina Stella Calloni. Sin embargo, cabe apuntar aquí que ese sistema busca mantener regímenes constitucionales (en adecuación a las demandas que en la actualidad plantea el sistema capitalista global), pero bajo una línea de férrea observación por parte de lo sujetos económicos, sociales y políticos defensores y beneficiarios del denominado modelo neoliberal, en cualquiera de sus variantes y adecuaciones.
Ese planteo implica la implantación de sistemas electorales que dificulten e impidan la aparición de fuerzas políticas antagónicas respecto del modelo hegemónico y, llegado el caso, obstaculicen su acceso a gobiernos y estructuras de poder.
El referido entramado funciona tras los velos discursivos de "democracia y gobernabilidad", puesto que los mismos apuntan, en principio, a dos esferas que mayoritariamente alcanzaron rango de "sentido común" dentro de las sociedades latinoamericanas. En esa operación de búsqueda de consensos - y dentro de todo el esquema de democracias controladas- juegan un rol destacado, estratégico, los medios de comunicación social pertenecientes al campo hegemónico (diarios, revistas, radios, cadenas de TV, sitios electrónicos).
Sin embargo, y teniendo en cuenta lo crucial que es el acto eleccionario dentro de ese diseño, debieron entrar en escenas tres herramientas que interactuan con precisión aritmética: las misiones de observadores y el sistema de conteo rápido de votos, ambos aportes de la OEA, y el entramado que engarza la actividad de las encuestadoras con el orden mediático.
Diseñadas por expertos en inteligencia y encabezadas casi siempre - más allá de sus titulares formales- por funcionarios vinculados a la misma especialidad, las misiones de observadores tienen por objetivo real monitorear y direccionar los procesos electorales conforme a las necesidades del sistema de democracias controladas, en cada escenario concreto.
El sistema de conteo rápido dota a esos asesores de una herramienta técnica adecuada para condicionar expectativas e imponer aceptación de resultados, por fuera de los escrutinios sistémicos y oficiales.
El entramado de encuestadoras y medios de comunicación opera en dos situaciones distintas. Durante las campañas electorales, para imponer candidatos y manipular intenciones de votos a partir del concepto "sufragio útil" (implantar entre los votantes la idea de apoyar al candidato "mejor posicionado"); y en el acto mismo de sufragio con las mediciones a boca de urna, complementarias del sistema de conteo rápido.
Esas afirmaciones no surgen de especulaciones teóricas sino que, en varios casos, salieron a la luz como conclusiones secundarias de las tareas realizadas por quien esto escribe en los Observatorios de Medios durante distintos procesos electorales, organizados por la Asociación Latinoamericana para la Comunicación Social (COMUNICAN).
El 18 de diciembre pasado, en Bolivia, por ejemplo, cuando Evo Morales llegó a la presidencia pese a la férrea campaña mediática en su contra, la OEA entregó a las autoridades electorales el resultado de su conteo rápido sólo diez minutos después de cerrados los comicios. Daban a Morales como perdedor.
Antes la evidencias en contrario que estaban en poder de las propias autoridades, los expertos de la OEA debieron rever su trabajo y media hora más tarde hicieron públicos "los nuevos resultados".
Respecto del rol de las encuestadoras se puede reparar en la siguiente cita: "Hay solamente una buena razón para contratar una encuesta política: ayudar a que el candidato gane la elección: si una encuesta no hace esto, no sirve de nada contratarla", afirma Joseph Napolitan, en su libro "¿Cómo ganar las elecciones?" (ILPA, Quito, 1994).
Napolitan nació en Estados Unidos, en 1929, y en 1956 fundó una de las primeras consultoras políticas, "Joseph Napolitan Asociated". Trabajó en las campañas de varios presidentes, en distintas partes del mundo: con Carlos Andrés Pérez, en Venezuela; Valery Giscard d´Estaing, en Francia; Gaafar Nimeiri, en Sudán; Oscar Arias, en Costa Rica, Ferdinando Marcos, en Filipinas, y John F. Kennedy y Lyndon Johnson, en Estados Unidos.
Por eso, y sobre todo teniendo en cuenta las cruciales elecciones que tendrán lugar durante lo que falta del año en Brasil, Nicaragua y Venezuela, es importante tener en cuenta que las fuerzas sostenedoras del modelo hegemónico no cuentan con poderes mágicos sino con estrategias muy finas y ejecutores entrenados. Es decir, hay que impedir que pretendan hacer “Abra Cadabra…pata de cabra” contra los presidentes Lula y Hugo Chávez y contra el candidato sandinista, Daniel Ortega.